LLAMADOS A VIVIR EN PLENITUD

No creo que podamos perder el ideal de vivir en plenitud nuestra vida humana, cristiana y franciscana; pienso que es una aspiración de todo ser humano que no podemos olvidar en el horizonte del crecimiento.

Os invito a que penséis en personas de vuestro entorno y de la sociedad que para vosotros viven en plenitud, seguro que tendrán unas características parecidas más allá de la edad y del proceso personal que les toca vivir. Positivamente conocéis personas, comunidades cristianas, grupos… que hacen su impacto en el lugar donde viven; jóvenes y adultos del mundo de hoy que tienen una solidez en su vida de fe, pase lo que pase, con el Señor de su historia que les da sentido a su vida y ésta en abundancia, de ahí que su presencia desparrama plenitud. Se nota en sus sonrisas y sus rostros llenos de paz, que les importa compartir su vida de modo simpático con los diversos sectores con los que se relacionan: jóvenes, familias, grupos sociales…

Al hablar de una vida plena no estoy pensando en vidas perfectas ni fáciles, incluso a veces viven la dureza de los proyectos asumidos pero mantenidos en el tiempo y llenos de felicidad en lo esencial.

Conocemos a personas que se comprometen en el acompañamiento y nos preguntamos de donde sacan tantas fuerzas para vivir motivacionalmente esos procesos de vida tan empeñativos.
Hace poco, el primer miércoles de agosto, escuchando en la audiencia del papa Francisco en Roma con nuestra comunidad de San Francisco de Granada, veíamos a un Pastor de la Iglesia Universal anciano, casi con 82 años, cómo de modo sencillo y claro nos hablaba de «los ídolos de hoy»; cómo nos tocaba las conciencias al oír sus palabras y ver sus gestos, porque ha hecho la opción de vivir una vida sencilla desde el Evangelio contagiando la alegría de la fe. ¿No notáis cómo sus mensajes van cargados de búsqueda de autenticidad, invitando a todos a que nos dejemos tocar por Jesús y por su desbordante bondad?

La plenitud de estas vidas no mide esfuerzos, ni sacrificios, ni cansancios. El Instrumentum laboris para el próximo sínodo sobre «Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional» nos dice en el número 68: «Los jóvenes desean una Iglesia “menos institucional y más relacional”, que sabe “acoger sin juzgar previamente”, una Iglesia “amiga y cercana”, una comunidad eclesial que sea “una familia donde uno se siente acogido, escuchado, protegido e integrado”». Esto solo se puede ofrecer cuando vivimos en plenitud. A ti te toca: Effetah!, «¡ábrete!» a esta llamada.

Fr. Severino Calderón

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