PEREGRINACIÓN A LOURDES

El pasado puente de octubre, durante la fiesta nacional de nuestra Señora del Pilar, un grupo de 8 jóvenes junto a Fray Pedro Botía (responsable de la Pastoral Juvenil franciscana de la provincia de la Inmaculada) nos pusimos en marcha con dirección al santuario de nuestra Señora de Lourdes (Francia). Iniciamos un viaje largo en furgoneta con muchísimas ganas e ilusión y dispuestos a tener un encuentro con María, la madre de nuestro Señor.

Los 8 jóvenes que íbamos a esta peregrinación pertenecemos a distintas comunidades franciscanas de las parroquias de San Francisco de Asís (Alcalá de Henares) y San Pedro Bautista (Alcorcón). Llevábamos en nuestro corazón y nuestras intenciones al resto de miembros de nuestras comunidades y también a aquellos de las que no pudieron asistir.

Fue un fin de semana en el que lo que más resonaba entre nosotros eran las palabras: COMUNIDAD, FAMILIA FRANCISCANA y AMOR FRATERNO.

El Santuario de Lourdes es un lugar muy bonito, rodeado de naturaleza donde se respira un ambiente de oración que transmite mucha calma y serenidad. Nos encontramos allí con muchas personas de diferentes lugares y a los que el Señor llamaba de muchas maneras. Pudimos ver a enfermos que acudían con devoción a reposar y pedir por sus problemas, a los voluntarios que con ilusión y esfuerzo se encargaban de los mismos, a personas consagradas que con su espiritualidad y entrega ayudan a cuidar el ambiente de oración y a peregrinos como nosotros, que acudimos con ganas de dejar nuestras preocupaciones, dudas y distracciones a un lado, y vivir un bonito encuentro con María.

A pesar del tiempo que pasamos en la carretera, pudimos disfrutar del lugar con ratos de oración, tiempo personal, paseos por los jardines del santuario, visitamos las diferentes capillas, tuvimos la eucaristía con el resto de los peregrinos, la procesión de las velas… En definitiva, fueron dos días muy intensos y con diferentes actividades que la coordinadora y el responsable organizaron con la mayor ilusión y el amor que tenían en sus corazones para acercarnos la figura María.

Uno de los momentos más íntimos y bonitos que vivimos fue el del viacrucis que realizamos. Se desarrolló a lo largo de la colina que se sitúa al lado del Santuario de Lourdes. Fue un viacrucis en el que participamos activamente, con dinámicas y gestos que preparamos nosotros mismos y en el que incluimos una oración por todas las comunidades de nuestras parroquias. Todos pusimos de nuestra parte para que el hermano que teníamos al lado viviera el viacrucis con el corazón dispuesto y a la escucha de los demás.

A nivel personal, me llevo de esta peregrinación mucha paz transmitida por el Santuario, la gran alegría de pertenecer a una comunidad franciscana que no se reduce a mi parroquia, el regalo de poder disfrutar de la naturaleza en un sitio como Lourdes y la tranquilidad de saber que las preocupaciones, las dudas y las intenciones que llevaba a la peregrinación han sido acogidas por la ternura, la bondad y el amor que transmite María como madre de Jesús y madre nuestra.

David.

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