La Fraternidad de Granada en la pandemia del COVID-19

En medio de nosotros ha irrumpido un fenómeno imprevisto que ha alterado en parte nuestros planeamientos vitales. Nuestra vida se ha visto privada de  celebraciones comunitarias y de encuentros presenciales con el Pueblo de Dios, obligándonos a buscar las verdaderas raíces de nuestra comunión con Dios. Hemos rezado más de la habitual en comunidad, todo a ritmo lento y cuidadoso: Laudes, Eucaristía comunitaria, Vísperas y oración personal.

El Espíritu, que está siempre con nosotros, no nos ha abandonado en esta hora. Nos enseña a tener una atención a la realidad amorosa y vivir en medio de ella el gozo de la fe y la belleza de la oración, que gracias al GEI (Grupo de Evangelización e Informática), hemos podido ofrecer a través de la redes y estar con vosotros en vuestras casas celebrando la fe de los tiempos fuertes de Cuaresma, Pascua y Pentecostés, en estos casi cien días de confinamiento.

Nuestra misión en la casa ha sido muy variada y hemos realizado muchas pequeñas cosas domesticas que necesitaban una atención especial de cara a cuidar todo lo que es de utilidad fraterna y evangelizadora.

Los hermanos hemos tenido tiempo de encontrarnos en nuestras reuniones comunitarias y hemos intentado cuidarnos para mejor cuidar también a los demás. Nos hemos percatado de que lo único de lo que no podíamos prescindir es de los demás por eso hemos mantenido la comunicación con el exterior a través de las redes y la comunicación personal. Hemos descubierto que no es importante acumular tareas, cosas…pero sí que hemos visto importante lo que son los hermanos, los servicios que nos préstamos y siempre hemos echado de menos a los ausentes, familiares y amigos. El cariño de los hermanos es lo que nos ha hecho llevadero los momentos más difíciles que supimos afrontar con serenidad.

Cada día nos hemos unido a tantos vecinos  que han alentado desde los balcones con sus cantos de “Resistiré” y con los aplausos, a tantos que han curado la vida herida con entrañable ternura, a cuantos se han confabulado para levantarse y caminar sin dejar atrás  a los débiles. Hemos descubierto en fraternidad la gracia de Dios y el cariño hacia los que están sufriendo las secuelas del coronavirus.

Hemos rezado mucho por los miles de ancianos  que han muerto  y tantos otros que se nos fueron con el Señor así como por los familiares que viven en duelo con un corazón quebrado pero cargado de esperanza. Queremos darles una despedida orante  que fortalece desde la fe y a solidaridad de una Iglesia que no abandona en la tribulación; a nosotros hasta ahora nos ha mantenido con salud tanto en la fraternidad local como en la provincial y por ello seguimos dando gracias.

El silencio y la soledad tan presentes en este tiempo de confinamiento nos han ayudado a prestar atención a nuestro interior, a leer con paz y serenidad; a llevar adelante nuestras misiones con teletrabajos que nos han introducido en algo totalmente distinto para tejer una vida nueva cargada de creatividad. La atención plena a la realidad que nos rodea, ayuda a dar respuestas nuevas, audaces, creativas. “El amor está siempre naciendo” (Pascal).

Ahora ante la “nueva normalidad” nos toca seguir cuidándonos de modo responsable, sirviendo  a los hermanos en nuestra pastoral con adecuados servicios que no eran habituales: los ministerios de “acomodador”, cuidadores de la limpieza, servidores de la liturgia, atención a los familiares que están en duelo, servicio orante…Cuantos jóvenes del Grupo de San Francisco y miembros del Grupo de Liturgia y voluntarios  han acompañado estos servicios que como fraternidad agradecemos en nombre de todo el Pueblo de Dios.

Fray Severino Calderón, OFM

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