Ordenación de presbíteros en Madrid

A las 11 de la mañana del sábado 19 de septiembre de 2020, en la madrileña iglesia parroquial San Antonio del Retiro, Mons. José Cobo Cano, obispo auxiliar de Madrid, confirió el Orden de los presbíteros a nuestros hermanos franciscanos fray José Daniel Llácer Ibáñez (Ayacor, Valencia, 1959) y fray Miguel Ángel Coronado Velarde (Madrid 1972), de las fraternidades de Zaragoza y Cáceres, respectivamente.

Pese al tiempo de aguaceros tormentosos que padecemos estos días en la capital, agravando las medidas restrictivas recién adoptadas ante el avance de los contagios por coronavirus, fue significativa la presencia de frailes, familiares y amigos de José Daniel y Miguel Ángel en la celebración. El obispo exhortó reiteradamente a dar gracias por el nuevo don que Cristo hacía a su Iglesia en este tiempo de pandemia, con ritos más austeros y menos concurridos, pero que marcarán el ministerio de los elegidos, a quienes reconoció la trayectoria personal, la misión y el carisma con que venía pertrechados antes de su admisión al sacerdocio.

Presentó a los candidatos fray Juan Carlos Moya Ovejero, ministro provincial, que concelebraba con el señor obispo junto al guardián de la fraternidad local, fray Saturnino Vidal Abellán, y una treintena de presbíteros de la Provincia y algunos del clero secular. A ellos se unieron familiares de los ordenandos, entre ellos el padre y hermana de Miguel Ángel, con parientes y amigos de José Daniel; nuestros estudiantes de Murcia, que sirvieron al altar; varias hermanas clarisas y otros frailes de una buena porción de conventos. Intervino el coro parroquial, dirigido por fray Manuel J. Madueño Moreno, párroco del Cristo de la paz, en el barrio de Carabanchel, y varias mujeres de la parroquia, habituales cooperadoras.

De regreso a sus lugares de origen, tras participar en el ágape fraterno que se sirvió en la cripta de la iglesia, los misacantanos celebran ya sus primeras misas rodeados de familiares, amigos y fraternidades de las tres órdenes franciscanas.

Vaya, por ello, con estas líneas la alabanza a Cristo, sumo y eterno sacerdote, y la intercesión de nuestras súplicas para que, a quienes el maestro confía la tarea de santificar, instruir y guiar, no decaigan en su ministerio y en el ardor de su entrega.

Secretaría provincial

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