Vélez-Málaga presenta su cartel de san Francisco

Desde su conversión a Dios, san Francisco profesó una grandísima devoción a los misterios de la pasión del Señor, y no cesó de meditar y de predicar, con su vida y su palabra, a Cristo crucificado. En septiembre de 1224, dos años antes de su muerte, se retiró al monte Alverna para consagrarse totalmente a la oración y la penitencia, y un día, mientras estaba sumido en contemplación, el Señor Jesús imprimió en su cuerpo -manos, pies y costado- los estigmas de su pasión.

Le sangraban, le causaban grandes sufrimientos y le dificultaban su vida y actividades, pero no cesó de viajar y predicar mientras sus fuerzas se lo permitieron. En vida del Santo, sus compañeros más cercanos pudieron ver las llagas de manos y pies, y a partir de su muerte todos pudieron contemplar también la llaga del costado. Benedicto XI concedió a la Orden franciscana celebrar cada año la memoria de este hecho, probado por testimonios fidedignos.-

«Llevaba arraigada en el corazón la cruz de Cristo. Y por eso le brillaban las llagas al exterior, en la carne, porque la cruz había echado muy hondas raíces dentro, en el alma» (2 Cel 211). Estas palabras de Tomás de Celano encierran las cosas más profundas y verdaderas que puedan decirse acerca del hecho singular de las Llagas de Cristo impresas en la carne de nuestro seráfico padre San Francisco. Para todos nosotros que, por vocación y profesión, estamos comprometidos en la imitación de nuestro Padre, este hecho es un desafío permanente para que la cruz eche raíces, cada vez más profundas, en nuestra alma.

Ante la triple crisis –sanitaria, económica y ecológica–, y los intentos de utilizar la pandemia para fragmentar el mundo, tenemos que volcarnos en reforzar una doctrina básica del cristianismo y que nuestro Padre Francisco vivió plenamente: la fraternidad universal, redescubierta por el Concilio Vaticano II y promovida en todas las encíclicas sociales a partir de la Populorum progressio de Pablo VI.
Para el Papa Francisco, el santo de Asís es el que tiene las tres filiaciones que deben acompañarnos en esta época apasionante, de la mano de San Francisco, estas referencias como: hijo de Dios, hijo de la Iglesia e hijo de su tiempo.
ORACIÓN: Dios de amor y de misericordia, que marcaste con las señales de la pasión de tu Hijo al bienaventurado padre Francisco para encender en nuestros corazones el fuego de tu amor, concédenos, por su intercesión, configurarnos a la muerte de Cristo para vivir eternamente con él. Que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén

Con estas palabras y Oración culminábamos ayer el Acto de Presentación del Cartel que anunciará la Solemnidad de San Francisco – 2021 en nuestra Ciudad de Vélez-Málaga. Acto que fue coordinado por Don Manuel Lorente Vico, Presentando al Autor Don José Ruíz Núñez y siendo el Autor el joven veleño Don Jesús Arroyo Santacruz, con la presencia de autoridades religiosas y civiles y numerosos fieles.

Venid, que en el monte Alvernia,
como a Moisés en la zarza
que ardía sin consumirse,
Dios por Francisco nos habla.

Cristo en la cruz es su vida.
Francisco en su amor se abrasa.
Que si «el Amor no es amado»
Francisco por todos ama.

Un serafín presuroso,
con dardos que Amor, inflama,
en su pecho, pies y manos
hace florecer las llagas.

Cinco señales divinas
llevan de Cristo la marca.
Nuevo lenguaje de amor
que Dios por Francisco habla.

Un sol en fulgor temprano
hoy desveló la mañana.
Cuerpo de Cristo es Francisco,
Cristo de Francisco es alma.

Francisco en gozo se inmola
con el dolor de sus lágrimas.
Dolor y gozo son siempre
testimonio de quien ama.

Gloria al amor de Dios Padre
que por su Hijo nos salva.
Gloria al Espíritu Santo
que por Francisco nos llama. Amén.

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Fray José Antonio Naranjo

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