Sinodalidad, el camino de una Iglesia que sueña

Todos los bautizados, como miembros del Pueblo de Dios (cf. Lumen Gentium, cap. 2 [LG 11]), estamos ya en Sínodo; caminando juntos para escuchar las esperanzas y las crisis, que provienen, de las realidades que vivimos en lo cotidiano y a distintos niveles: global, local y de nuestras comunidades.

Todos debemos animarnos a participar, en este proceso, de modo activo; conjugando la diversidad con la comunión, la participación con la misión.

Todos involucrándonos en este caminar juntos; como si se tratase de un río, con un enorme caudal, que procede de la fuerza del Espíritu; de un río que recoge el agua de diversos afluentes para generar vida; y que, estos afluentes, no dan vueltas sobre sí mismos, evitando así ejercer el «efecto lavadora» o «burbuja» y que, por consiguiente, no causen el «efecto río» en el que, por perder nivel, emerjan las rocas… porque, a pesar de las dificultades y aunque sea tarde, seguimos apostando por la sinodalidad.

Si sinodalidad se conjuga con diversidad quiere decir que, desde nuestra descalcez y con humildad, acogemos a otros que sienten y piensan como nosotros, que crean consenso eclesial. No se trata de acoger a los de siempre, pues sería como «trillar en la misma parva», sino de abrirnos a la realidad poliédrica de la que nos habla el papa Francisco.

La Iglesia necesita estar cerca de la vida de todos y escuchar a todos, especialmente a los pobres y a los que no tienen voz: «¡Habla Pueblo, habla!»; eres promotor de fraternidad y amistad social y creas puentes, aunque a veces des rodeos. Pueblo llamado a ser samaritano de las pobrezas y fragilidades, y que sabe pedir perdón de sus torpezas.

Se nos invita a ser compañeros de viaje, que escuchamos y tomamos la palabra; que celebramos la Palabra y los sacramentos; que servimos a la misión de una Iglesia que mira al Reino; que participa de la profecía y discierne a la luz del Espíritu; que decide, desde la formación, en las diversas áreas de lo humano y lo cristiano; que dialoga con la sociedad, con otras confesiones religiosas… No nos olvidemos de salir al encuentro de los que no están dentro de la Iglesia, para escuchar lo que tienen que decirnos y dialogar desde su propia realidad.

Ahora nos toca poner por obra la tarea que el Papa, en su discurso del 3 de octubre de 2018, comunicaba a los jóvenes: «hacer que germinen sueños, suscitar profecías y visiones, hacer florecer esperanzas, estimular la confianza, vendar heridas, entretejer relaciones […], aprender unos de otros…».

Intentémoslo: «¡A participar se aprende participando!».

Buen caminar en compañía.

Fray Severino Calderon Martinez, ofm

                                              

Este sitio web utiliza 'cookies' propias y de terceros para ofrecerte una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios, aceptas el uso que hacemos de ellas. Puedes cambiar la configuración de 'cookies' en cualquier momento. Política de privacidad. politica de cookies.

  
ACEPTAR